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“Llevábamos luchando más de dos años. Con abogado conseguimos la rampa en menos de diez días”: la historia de Carmen

15 octubre 2019

Una situación bastante normal en una comunidad de vecinos es que uno de los propietarios necesite algún accesorio para su movilidad, como puede ser un ascensor, una rampa o un salvaescaleras, ya que sin él no sería capaz de moverse apenas de su domicilio.

En el caso de personas mayores de 70 años o con alguna discapacidad, esta obra para mejorar la accesibilidad es obligatoria en base al artículo 10.1 b) de la Ley de Propiedad Horizontal, como explica Carlos Alonso Iriarte, abogado especializado en Derecho Inmobiliario.

Fue precisamente el abogado Carlos Alonso quien gestionó recientemente el caso real de éxito que compartimos contigo, una historia en la que, tras meses de espera y a pesar de tener todos los papeles en regla, una familia que necesitaba una rampa para su padre por fin la consiguió con la ayuda del abogado.


"El asesoramiento con un abogado tiene un efecto psicológico en los demás".


Tal como cuenta Carlos, "una vez que interviene un abogado, lo habitual es que la otra parte se deje de excusas sin fundamento y se ponga manos a la obra a solucionar el problema". Y es que “en cuanto la gente ve que hay un abogado detrás, ya es consciente de que nuestros clientes están debidamente asesorados y les entra esa cierta urgencia de: ‘Uy, ¡a ver si me voy a meter en un lío!’", comenta el letrado, ya que "el asesoramiento con un abogado tiene un efecto psicológico en los demás".

Tenemos, además, el testimonio de Carmen*, la clienta protagonista de este caso real y que se encuentra muy agradecida con el asesoramiento que recibió. Hablamos con ella para que nos cuente cómo fue su historia y cómo han conseguido, por fin, la rampa para su padre con movilidad reducida.


Pregunta: Carmen, ¿nos puedes contar cómo empezó el problema?

Carmen.: Hace unos dos años y cuatro meses, pedimos una rampa a la comunidad de vecinos, porque mi padre tiene Alzhéimer y anda en silla de ruedas. La comunidad dijo que sí, que no había ningún problema. Se hizo una derrama y se empezaron a gestionar las licencias con el ayuntamiento.

Sin embargo, pasaban las semanas, todo estaba muy parado y no veíamos ningún avance. Por eso, mi madre volvió a ir al ayuntamiento para intentar agilizar los trámites y les dijo: “oye, que necesitamos la rampa para sillas de ruedas, que no podemos sacar a mi marido de casa, él necesita ir a un centro de día y no podemos sacarlo de casa…”.

El ayuntamiento les decía: “han presentado la documentación mal, ahora nos falta esto, han traído esto otro”… Entre una cosa y otra, iban pasando los meses hasta demorarse un año y pico, y de la rampa, ni rastro.  

En mayo de este año se terminó con la derrama, todo estaba pagado y fuimos una vez más al ayuntamiento. Nos dijeron que todo estaba concedido y no sabían por qué no se inician las obras, porque no hay ningún problema.


"Nos dijeron: 'Necesitáis un abogado. Nosotros no podemos hacer nada más'. Y ahí fue cuando llamamos a Legálitas".


P.: ¿Cuándo decidisteis llamar a Legálitas?

C.: Durante una nueva visita al ayuntamiento, nos dijeron: “Necesitáis un abogado. Nosotros no podemos hacer nada más”.  Y ahí fue cuando llamamos a Legálitas.

P.: ¿Cuál fue el primer paso entonces?

C.:  Lo primero, Carlos, el abogado, me pidió el acta para verla, tras lo cual me mandó un escrito que yo llevé personalmente a la administradora. La administradora se enfadó —no te imaginas cuánto—, se salió de sus casillas y me dijo que qué estábamos haciendo, que por qué íbamos así, que yo iba de malas y que no me lo iba a coger.

P.: ¿Qué hicisteis después?

C.: Aunque esto iba dirigido realmente a la administradora, ella insistía en que el escrito se debía mandar a la presidenta de la comunidad y, tras insistirle, me dijo: “me lo mandas por burofax, y además te voy a responder jurídicamente”. Yo simplemente le dije “bueno, se lo voy a comentar a mis abogados”.

P.: ¿Qué pasó entonces?

C.: Hablé al día siguiente con Carlos y él me dijo: “no lo ha cogido porque no lo quiere coger. De todas formas, si lo quiere por burofax, se lo enviamos por burofax, no hay ningún problema”. Así que, efectivamente, lo envió por burofax.

P.: ¿Surtió efecto ese burofax?

C.: Sí, inmediatamente: ese mismo viernes, la administradora llamó a mi madre para decirle que no se preocupara, porque ella iba a ir personalmente al ayuntamiento para gestionarlo. Exactamente una semana después, estando mis padres en casa, llamaron al telefonillo: eran los albañiles, que iban a comenzar la obra.

P.: Así que, en cuestión de días, hubo un cambio total.

C.: Así es: de un día para otro, la actitud de la administradora cambió totalmente y en cuestión de días ya empezaron a construir la rampa, tras año y pico esperando. Es sorprendente: de repente, ya se habían pagado todas las tasas que me decían que faltaban, todo el papeleo estaba completo…Ya estaba todo hecho.


"Todo se ha solucionado en menos de diez días. ¡Ya está la rampa hecha! Mi padre ya ha podido estrenarla".


P.: ¿Cuánto tardaron en construir la rampa?

C.: Todo se ha solucionado en menos de diez días. Te cuento: el viernes vinieron los albañiles. Dejaron las mediciones hechas, colocaron todo lo que les hacía falta, el lunes siguiente comenzaron a trabajar… ¡Y ya está la rampa hecha! Únicamente falta por poner la barandilla, pero ya mi padre ha podido estrenar la rampa.

P.: ¿Cómo te sientes, Carmen?

C.: Yo estoy encantada. Es alucinante, porque mi madre me decía emocionada: “¡Voy a comprar una botella de vino para llevársela al abogado!”, y yo le dije “mamá, no es necesario”. Pero claro, es que la pobre no se lo cree: lo rápido que ha sido todo y la diferencia que ha habido entre intentar gestionarlo nosotros mismos y que un abogado medie. Es que no ha tenido nada que ver.

La administradora de la finca me llegó a decir: “es que tu madre no se entera, ella va al ayuntamiento y no se entera”. Yo me enfadé con ella y le dije: “¿cómo puedes hablar así? Mi madre se entera perfectamente. Ha estado hablando con urbanismo, ha ido mi hermano también al ayuntamiento…”. “No, es que no se enteran”. Y ahora, de repente, por medio de abogados, se han enterado de todo, todo ha quedado perfecto y todo ya está hecho.

*El nombre de nuestra clienta ha sido cambiado para proteger su identidad. 

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