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Las mascotas y los muebles son lo mismo en un divorcio

17 noviembre 2016

Cada día son más los hogares en que las mascotas son consideradas como un miembro más de la familia, en ocasiones incluso muchas personas, los considera prácticamente como si fueran hijos.Esta situación hace que empiece a ser algo habitual en los tribunales que en caso de divorcio las partes quieran regular con quién se queda la mascota familiar.

Actualmente nuestra legislación considera que las mascotas tienen naturaleza de bienes muebles, según recoge el Código Civil en su artículo 333. Esto se traduce en que la Ley no prevé medidas específicas para las mascotas. Aunque hay quien desearía establecer un régimen de custodia o visitas para su mascota igual que ocurre con los hijos cuando se produce una separación o divorcio, esto no es posible. Esos términos están reservados a los hijos.

Lo que sí puede hacerse en un procedimiento de divorcio si la mascota es de ambos, y siempre que el matrimonio esté en régimen de gananciales es acordar dentro de la liquidación de los bienes gananciales la copropiedad del animal y una “tenencia compartida” del mismo. Como se indicaba anteriormente, esto nada tiene que ver con un pronunciamiento sobre su custodia sino con una propiedad compartida, como podría hacerse con una vivienda cuyo uso se reparte entre sus dueños.

Y en caso de discrepancia sobre quién es el dueño de la mascota, se podrá discutir esa cuestión en un procedimiento declarativo ordinario, pero no en el de divorcio.  Si se determina que es propiedad de uno de ellos, por ejemplo, porque ya era de su propiedad antes del matrimonio, el otro no tendrá ningún derecho de decisión sobre el animal tras el divorcio o separación.

Sólo en casos muy concretos podemos encontrar, que con independencia de quien sea el propietario del animal, existen sentencias en las que por la especial relación de la mascota con el niño se incluye a esta en el régimen de visitas del menor, para que el animal acompañe al niño cuando está con el otro progenitor, y siempre mirando por el bien del pequeño, que no del animal ni de los padres del niño. Esto se debe a que la relación entre los más pequeños y las mascotas acostumbra a generar lazos muy fuertes y la ruptura puede llegar a ser traumática para los hijos de la pareja, y si el Juez considera que es bueno para el niño no separarse de la mascota así lo acordará.

Desde Legálitas recordamos que hay que tener presente que nunca es posible solicitar la custodia de una mascota en una demanda de separación o divorcio, y mucho menos querer equiparar a los mismo con cuestiones similares a las de los hijos. Lo ideal es siempre intentar llegar a un acuerdo amistoso sobre quién se queda con el animal. 

La custodia compartida se otorgó en el 28,3% de los divorcios de 2016

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